header image
 

…quiero agarrarme…

Quiero agarrarme a tus aspas y esperar al viento huracanado para cuando esté en la parte más alta, ¡soltarme!, lanzarme a la lejanía, a ese lugar donde sólo existe la nada.

…vuelvo a ver el arco iris…

…en la evolución…

En la evolución de nuestras pocas horas nació mi deseo de que me nadaras por dentro, de que te inundaras en mis pensamientos hechos de letras y tuerzo y retuerzo las ideas para concederte la elevación celestial con el don del juicio.
Te coloco arriba, abajo, te pongo palabras, pienso por ti, ¿no es eso lo que se hace con los sueños que se viven con los ojos abiertos? Me adentro en ti como quien busca un viejo tesoro, como viejas las ilusiones que nacieron con mi mundo. No pretendo descubrirte porque hasta el amor venía de serie con la vida, pero me gusta abandonarme a tus risas, a tus palabras, esas que me hacen crecer las ganas, las que si fuera poeta te cantaría como “el deseo intacto de miradas”.
No soy una temerosa de dios, ni una letra independiente, pero rozo la locura cuando te escucho y sólo cuando dejo de oir tu voz se me hace realidad la ansiedad de la cordura y continuo mi sueño.
Deseo conocer el idioma de tus ojos aunque el riesgo borre todas las palabras.

…sé que los días…

Sé que los días llegan solos,

que las noches amanecen sin tus besos.

Sé que hay palabras que se pierden,

que a la música le faltan nuestros versos.

Pero quisiera saber dónde guardas tus secretos,

las miradas que no ves en los espejos,

los jazmines que se enredan en tu pelo,

esas nubes que dibujan nuestro cielo.

Sé que nacer es ver tus ojos,

que el camino es el destino más certero.

Sé que caminando alcanzo cimas,

que tu risa… el más bonito de los gestos.

Pero quisiera saber dónde guardas tus secretos,

las miradas que no ves en los espejos,

los jazmines que se enredan en tu pelo,

esas nubes que dibujan nuestro cielo.

Pero quisiera saber dónde guardas tus secretos,

el rocío madrugado del invierno,

las caricias de tus manos en enero

y guardarme para siempre nuestros sueños.

…hay noches…

Hay noches que terminan con la luz y besos que comienzan con los ojos. Hay quien estrena otoños y los hay que llueven en vano.

Hay cristales que reflejan poemas y lejos en el horizonte hay versos perdidos de estrellas y lunas calladas que rondan a bellas palabras sinceras.

Hay penas cargadas de olvidos y melodías que evocan recuerdos. Hay quien llora cuando gana y hay quien pierde cuando llora. Hay tanto y tan poco, que lo mucho queda en nada y la nada lo es todo.

Hay quien tiene y no retiene y hay quien tuvo y se contuvo. Lo que hubo, hay y lo que habrá, ya vendrá.

…los días van…

Los días van pasando y con ellos mi enojo se infla, se hincha como el vientre de la muerte. Cuántas veces me lo habré preguntado. ¡Maldito infame! puede que vuelva a hablar contigo pero estas son las últimas letras que te escribo.

No te voy a acusar de cobarde ni egoísta, porque esos adjetivos son humanos. No los encuentro y mi ira aumenta. Una piedra, a pesar de ser dura y fría, es bella; un animal es fiel, es noble… y aunque sólo un hombre puede hacer lo que tú has hecho, no mereces ni ser llamado hombre.

Y dejo que la rabia de mi corazón sangre para que no me estalle dentro. Te acuso de haber matado mi amor y mis ganas de amar. Te acuso de haber envenenado mi soledad. Te acuso de robarle a él lo que tenía que darle y del tiempo que tenía para hacerlo.

Ahora me quedo en paz porque te devuelvo el veneno que me has dado y porque no habrá más letras de ti, ni por ti, ni para ti.

…me pregunto cómo…

Me pregunto cómo habría sido hoy contigo, pero más me pregunto quién habrías sido tú. Superar que te fuiste es tan inaceptable como aceptar que del cielo llueva agua salada. Creer que me has querido es tan increíble como creer que las manecillas del reloj cuenten el tiempo girando a la izquierda.

Unidos en uno, el que se fue y el que no vino, el que me quiso y el que me hizo creer que me quería, el que me regaló todo su tiempo y el que me lo racionó de una forma mísera.

Nunca me pregunté cómo habría sido hoy sin ti y mucho menos imaginé que no fueras tú. Jugar a decir la última palabra porque el silencio sellaba nuestros labios con un beso. Recogerte en la estación con la ansiedad de estar en tus brazos.

Unidos en uno, dos. Y esos dos se quedaron en uno, mi corazón.

…Siento la metralla…

Siento la metralla que me está inundando el cuerpo. Ya tenía tantos dolores acumulados que creía que me había inmunizado, pero estaba equivocada ¿sabes? Hacía mucho tiempo que no me sentía así. Y ya no es el pensar que he perdido la ilusión, o la esperanza, es que no me ha dado tiempo a aliarme con la vida, cuando ya la estaba perdonando por sus continuos golpes amargos me ha vuelto a disparar sin piedad. Sí, ya sé que fui yo quien se puso delante de ella y la retó, y es que cuando una se pone ante ella y le dice “te voy a ganar esta mano porque tengo un amor” ella se remanga y sonríe burlona. ¿Sabes que me dijo? “Mira chulita, si de verdad tuvieras ese amor del que me hablas no estarías pensando en ganarme esta partida. Yo sé quién te quiere y quién no y ese amor del que presumes, lo primero, no te pertenece, es de otra mujer y lo segundo, ¿dónde está cada vez que lo necesitas? Eso no es amor, querida, te han estado tomando el pelo.” Pues sí, no sólo me dio un par de bofetadas sino que se atrevió a robarme la autoestima y seguidamente me disparó sin piedad en la valentía. Y es que… acabo de ver la hora y tengo que luchar contra la muerte, es parte de la metralla que me ha metido la vida en el cuerpo, así que mañana te llamo y ya hablamos ¿vale?

Ambas colgaron el teléfono y en el reloj dieron las diez.

Feli era una joven escuchadora de historias telefónicas y Lola…

…quiero y no puedo…

Quiero encontrar el secreto sereno de las flores.

Quiero ser las ganas de dormir.

Quiero buscar los besos perdidos.

Quiero estar en el tiempo de los tiempos.

Quiero y no puedo.

…y ahora el miedo…

Y ahora el miedo borra esas muecas transparentes de la felicidad y se instala, no sé por cuánto tiempo.

Una y otra vez resuena en mi cabeza la misma frase: “¿tanto le he quitado a la vida para que a cambio me dé aún más silencio?” y sigo pensando… y tal vez no es un castigo de la vida sino un regalo. Me brinda más experiencias de las que me hubieran gustado para poder sopesar mis fuerzas o quizás para enseñarme lo que me niego a aprender. Una y otra vez.

La vida sólo es una y dentro de ella hay infinidad de vidas un poco más pequeñas, igual que un sólo día está repleto de pequeños momentos. Pero las utopías siempre se enamoran de los sueños y los sueños se desvanecen con la vida.

Ahora me queda buscar esperanzas, porque otra experiencia me ha quitado la fe y con ella ha aparecido el miedo, o me queda enjuiciar a la vida por lo justo y lo injusto.

…son mis pecados…

Son mis pecados los que cada día me expían de mis verdades. Como el amor que nace para morir o como la nieve que se disipa con el sol. Pensamientos que se evaporan como segundos y minutos que yacen en el pasado más lejano.

Pergaminos se esparcirán por los tejados para otear los viejos horizontes , los que contienen los pecados que un día fueron virtudes o los que contuvieron las esencias de lo que tal vez fue una vida.

…créeme…

Creéme si te digo que todavía estoy aquí, aunque las lunas siguen siendo mis desvelos. Mis días siguen siendo noches mientras espero que las golondrinas aniden sobre el viejo madero corroído por el tiempo.

No sé cuánto le queda por latir a mi corazón, ni cuántas estrellas deben apagar su luz, ni cuántos besos se habrán quedado desiertos, pero creéme si te digo que todavía estoy aquí, que siento los versos serenos y los aromas del tiempo.

Y aunque las rosas se deshojen, siempre quedarán otras floreciendo.